En la Britannia arrasada por anglos y sajones alemanes ya se habían perdido el conocimiento, tradición y artes de la guerra. La pax romana y sus legiones los habían protegido hasta que el imperio cayó, pero una vez más la ayuda vino por los romanos.
Un personaje llamado Ambrosius Aurelianus, del que se cree que fue un ex-general romano residente en Britania, conocía todavía las ciencias militares.
Consiguió organizar una fuerza militar y plantar cara a las invasiones, facilitando la huída a Gales de algunos habitantes.
Junto a Ambrosius luchaba otro jefe militar. Poco se sabe de este otro jefe. Era celto-romano, dominaba perfectamente las artes militares por lo que se sabe que su educación fue de corte romano, y por supuesto, era cristiano aunque su doble condición de origen lo presuponía en buenas relaciones con las antiguas religiones celtas druídicas y mágicas que no se habían perdido del todo.
La idea de conseguir oponerse a los desalmados invasores y tener éxito parecía tan quimérica que semejaba cosa de magia a ojos de los aterrorizados habitantes.
Aunque no hay certeza histórica, se tiende a considerar a este caudillo hijo y pupilo el general romano Maximus y dehecho fueron contemporáneos.
Falleció posiblemente (aunque no seguro) en combate y su tumba nunca fue encontrada. Ello dio lugar al mito Artúrico de que el rey duerme en algún sitio mágico hasta que sea necesario para Britannia en una hora crucial.
Su recuerdo se atesoró con cariño y se fue mezclado con leyendas y mitos hasta que siglos después se elaboraron los que serían los primeros mitos Artúricos. A raíz de esto, en distintas épocas, los mitos Artúricos fueron creciendo en cantidad y complejidad y mezclándose con otros elementos fantásticos como el santo grial y toda su cohorte de leyendas. Al igual que en series actuales, personajes se fueron desgajando de la historia principal y creando grupúsculos de más leyendas como el caso de Galahad o Lancelot.
El fin de la historia: los anglos y sajones se hicieron con el país y tras mezclarse con los celta-romanos que quedaban, asombrados con las migas culturales del ya antiguo imperio romano, fueron indefensos administradores, comerciantes y eruditos (la historia se repite) convirtiéndose además según la moda al cristianismo y viviendo pacíficamente, con pequeñas escaramuzas intestinas entre jerifaltes hasta que, empujados por la superpoblación y la dureza de clima, unas salvaje, sanguinarias y primitivas tribus, los vikingos, sembraron el caos y la destrucción.